Hay trofeos que valen oro, pero ninguno tiene una historia tan digna de una película de Hollywood como la Copa Jules Rimet, el trofeo original de la Copa del Mundo de Fútbol. Hecha de plata, bañada en oro de 18 quilates y con la figura de Niké (la diosa griega de la victoria), esta estatuilla de 30 centímetros desató pasiones, obsesiones y… ¡unos cuantos crímenes!
Hoy te contamos las mejores curiosidades del Mundial a través del caótico destino del trofeo que todos querían tener, pero que nadie logró proteger del todo.
👟 El trofeo nazi que terminó bajo una cama
Tras ser esculpida por el francés Abel Laffleur por encargo de Jules Rimet, la copa viajó de Uruguay a Italia en los años 30. Pero entonces estalló la Segunda Guerra Mundial y el trofeo se convirtió en el objeto de deseo de los nazis. ¿Cómo se salvó? Gracias a una jugada maestra del Dr. Ottorino Barassi, vicepresidente de la Federación Italiana.
Barassi sacó la copa en secreto de un banco de Roma, se la llevó a su casa y la escondió en el lugar menos pensado: ¡dentro de una caja de zapatos debajo de su cama! Los soldados la buscaron por todos lados, pero jamás se les ocurrió mirar allí.
🐶 Scotland Yard humillada y un perro héroe llamado Pickles
En 1966, semanas antes de que arrancara el Mundial en Inglaterra, la copa fue robada mientras se exhibía en Westminster. El ladrón, un delincuente común llamado Sidney Cugullere, se la llevó simplemente porque los guardias se descuidaron para ir a tomar un café.
Los mejores detectives de Scotland Yard no tenían ni una sola pista. ¿Quién resolvió el misterio? ¡Un perro de raza collie llamado Pickles! Durante su paseo matutino, el perrito comenzó a olfatear un arbusto en un jardín y encontró el trofeo envuelto en periódico y semienterrado. Pickles se convirtió en una celebridad nacional y hasta fue invitado a la fiesta de celebración de Inglaterra campeona.
💔 El trágico final en Brasil: Fundida por una baratija
En 1970, Brasil se coronó tricampeón del mundo y, por reglamento, se ganó el derecho de quedarse con la Copa Jules Rimet para siempre. Parecía el final feliz para la diosa de oro, pero en 1983 llegó la verdadera tragedia.
Unos ladrones la robaron de la sede de la Confederación Brasileña en Río de Janeiro. El trofeo fue llevado a la joyería de un argentino, quien la cortó en pedazos, la fundió y la vendió en lingotes de oro por apenas $15.500. Una auténtica ganga para el mercado negro y un crimen imperdonable para la historia de los Mundiales de fútbol. Aunque años después corrió el rumor de que en realidad fue comprada intacta por un coleccionista italiano, la versión oficial es que desapareció para siempre.
🏛️ El milagroso hallazgo 60 años después
Pero esta historia tiene un último giro inesperado. Hace poco, una investigación del Museo de la FIFA descubrió que la base original de cuatro caras sobrevivió.
Resulta que en 1954, cuando Alemania ganó el Mundial, ya no había espacio en la base para poner su placa de campeón. La FIFA cambió la base por una de ocho caras y guardó la original en un sótano sin etiquetar. Allí «durmió» por 60 años hasta que fue encontrada y hoy se exhibe con orgullo, como el último testigo vivo del trofeo más caótico del deporte.